Nuestra historia

Somos Lucía y Valentina: madre e hija, y las dos caras detrás de esta boutique.

Todo empezó en 1980, en una calle tranquila de Valencia, entre naranjos y suelos de azulejo. Lucía llevaba años vistiendo a mujeres que buscaban lo mismo: prendas bonitas que se pudieran llevar de verdad. Aprendió el oficio en Madrid, pero fue aquí, junto al mar, donde encontró su sitio.

Cuando abrió la tienda, Valentina tenía cuatro años. Lucía pintó los dos nombres en el letrero desde el primer día — el suyo y el de su hija — sin saber todavía que, muchos años después, estarían las dos detrás del mostrador.

Valentina creció entre perchas, telas y clientas que entraban a saludar aunque no vinieran a comprar nada. De pequeña ordenaba los botones. En 1990, con catorce años, empezó a ayudar de verdad; años después, era ella quien elegía las prendas.

Lucía. Mi madre tiene 72 años y sigue reconociendo un buen tejido con solo tocarlo. Es serena, exigente y elegante sin esfuerzo. Si una prenda no la convence, no entra en la tienda.

Valentina. Yo tengo 50 y sé lo que buscamos las mujeres de nuestra edad: ropa que favorezca, que no apriete y que se pueda llevar un martes cualquiera. Mi madre aporta el criterio; yo, la mirada de hoy.

Creemos que la elegancia no tiene edad, y que la comodidad no está reñida con sentirse guapa. Por eso elegimos tejidos suaves, cortes que favorecen y buscamos siempre un buen rango de tallas: porque cada mujer merece encontrar la suya sin tener que conformarse.

No vendemos tendencias que duran una temporada. Vendemos prendas que te apetece volver a ponerte.

Más de cuarenta y cinco años después, seguimos en la misma calle, eligiendo cada prenda juntas.

Gracias por estar aquí. Nos hace mucha ilusión formar parte de tu armario.

Con cariño,
Lucía & Valentina ❤️